·"Un pueblo que no bebe su vino tiene un grave problema de identidad" MVM


6/14/2014

VISITA AL MOLINO DE MAREA DE LA MADRE VIEJA DEL GUADALETE, EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA


Visitamos el Molino de Marea de la madre vieja del Guadalete, ubicado junto a la estación de ferrocarril del Puerto de Santa María , en un antiguo caño del río Guadalete, denominado Caño de la Madre Vieja, hoy prácticamente cegado.

La visita a dicho molino, fué una de las actividades celebradas por la Concejalía del Patrimonio Histórico, dentro de las visitas a los lugares emblemáticos de El Puerto de Santa María, dirigida por Javier Maldonado Rosso, jefe del Servicio de la Concejalía de Patrimonio Histórico del Puerto de Santa María y actual director del Museo Provincial del Puerto de Santa María.
Casi dos siglos después de su construcción, se ha recuperado la memoria de este emblemático edificio portuense con su rehabilitación. El Molino de marea del Caño tiene un indudable valor patrimonial junto con el resto de los molinos hidráulicos mareales de la Bahía de Cádiz, cuyas estructuras, a pesar del olvido padecido, desafían al paso del tiempo. Estos yacimientos de la llamada Arqueología Industrial, forman parte del Patrimonio Cultural Marítimo de Andalucía, entendido éste como “el conjunto de estructuras, objetos y conocimientos resultantes de la relación del hombre con el mar en el transcurso del tiempo”. labor de recuperación de ese patrimonio histórico presente en el litoral de la Bahía de Cádiz, silencioso testigo de las llamadas hoy en día energías renovables y del tan nombrado “desarrollo sostenible”, a través del cual el hombre efectúa una explotación racionalizada de los recursos naturales presentes en el entorno natural donde habita, sin generar el tan acostumbrado proceso de degradación del medio ambiente, que por desgracia, estamos padeciendo en la actualidad. 
El "Molino del Caño” está ubicado en el término municipal de El Puerto de Santa María (Cádiz).
Fue construido a principios del siglo XIX, con el objetivo de conseguir la transformación del trigo en la harina necesaria para la fabricación de pan, utilizando la energía motriz del mar.


Existen diversos tipos de molinos según la energía utilizada para activar el mecanismo de la molienda: molinos de agua, molinos de viento y molinos de sangre. Éste último, como se puede deducir, utilizaban la fuerza de los animales o incluso del hombre para accionar el mecanismo. Los molinos de agua o hidráulicos se subdividen a su vez, en dos tipos: los molinos de río y los molinos mareales. Este es el caso del molino objeto de nuestra investigación. Se trata de un molino de agua del subtipo mareal, que aprovechaba la fuerza del mar  y que con un ingenioso mecanismo conseguían, accionar las ruedas que debían triturar el grano y transformarlo en harina.
Es un robusto edificio de cantería fabricado en piedra ostionera, extraída de las canteras muy abundantes en la bahía debido a que esta asentada en el zócalo pliocénico. Presenta una forma alargada y cubierta a dos aguas.
Funcionamiento de los molinos mareales en el área de la Bahía de Cádiz. 

Según la maquinaria hidráulica usada existían dos tipos de molinos mareales: los molinos de rodezno o rodete y los de regolfo. El Molino del Caño utilizaba el sistema de rodete para accionar el mecanismo de molturación.

El Molino del Caño es un molino de agua del subtipo mareal ya que aprovechaba la subida del cauce del caño mareal donde se ubica, para embalsar el agua que produjera la energía suficiente para accionar sus piedras de molienda. Así, el molino portuense, aprovechaba la llenante de la marea al objeto de acumular agua en su presa para verterla con posterioridad una vez iniciado el proceso de moler, en un caño del Guadalete, río que desemboca a su vez en la Bahía de Cádiz. El ascenso del nivel del mar permitía el llenado de agua en la presa construida ex profeso, mientras que su vaciado producía una corriente de agua que accionaba el mecanismo del molino, proceso que era controlado mediante la apertura y cierre de unas compuertas. El agua era conducida a través de los saetillos hacia el piso inferior del molino. En este lugar se encontraba el rodezno o rodete, rueda horizontal hidráulica con paletas, mecanismo que se accionaba con la fuerza motriz del agua y cuyo giro, al estar conectado por un vástago o eje vertical denominado árbol, permitía el movimiento en la planta superior del edificio de la piedra de moler denominada volandera, ubicada en la parte superior de la piedra fija o solera. Entre ambas piedras se vertía los granos de trigo, consiguiendo de este modo fabricar la harina.
Asimismo, constaba de una presa exterior para el almacenaje del agua marina.
La estructura de un molino de marea, constaba de dos plantas: una inferior, donde se hallaba la maquinaria hidráulica, y otra superior, donde se realizaba la molienda. Asimismo, constaba de una presa exterior para el almacenaje del agua marina.
En la planta superior se ubicaba toda la infraestructura necesaria para moler el trigo denominándose “mesa de molienda” y estaba compuesta por las ruedas para la molturación del cereal. Dos grandes piedras circulares denominadas muelas, que presentaban un agujero central y un peso aproximado de 250 kilos cada una, al estar colocadas una encima de la otra, conseguían con su movimiento moler el grano por la fricción de ambas. La superficie no era lisa ya que se hallaban labradas con unos grandes surcos que tenían la doble misión de moler el cereal y enviar la harina hacia la parte exterior de las muelas, donde era recogida en unos contenedores. Con lo cual era importantísimo un continuo mantenimiento por parte del molinero, labrándolas con periodicidad, para que cumplieran su función.
 
En la cara que se dispone hacia el estero se abren diecisiete arcos, cinco de mayor tamaño y doce más pequeños, guardados por tajamares parecidos a los del molino de marea del Río Arillo. Éstos últimos servían para facilitar la salida de las aguas procedentes de las “cubas de regolfo. Los arcos de la fachada anterior donde se ubicaban las ruedas motrices no se corresponden, en su número, con las existentes en su cara posterior; al parecer, dos o tres ruedas motrices estaban alimentadas simultáneamente por el agua que se evacuaba por cada uno de lo arcos posteriores de la construcción molinera.
Desde el siglo XVI, toda la bahía de Cádiz experimentó al amparo del comercio indiano con las colonias americanas un fuerte crecimiento económico. Fue destino de muchos comerciantes extranjeros que intentaron probar suerte e incrementar sus fortunas dedicándose a la actividad comercial de ultramar. Asimismo, la ciudad de Cádiz y toda su área de influencia experimentó un fuerte crecimiento demográfico. Ello supuso lógicamente un incremento de la demanda de pan y como consecuencia directa la construcción en los distintos esteros de varios molinos de marea, hasta un número de veinte repartidos en los cinco municipios que actualmente configuran la Bahía de Cádiz. Se distribuían de la siguiente forma: tres en Cádiz, cinco en San Fernando, cinco en Chiclana, uno en Puerto Real, situado en el Trocadero y denominado Molino de Guerra, y otro en la población de El Puerto de Santa María, el llamado Molino del Caño 

La creación del Departamento de Marina de Cádiz con la reforma borbónica del ramo de Marina y la construcción del Arsenal de la Carraca en 1717 supuso entre otras cuestiones un aumento de la población militar en el área de la Bahía de Cádiz. Ello trajo como consecuencia un lógico aumento de las peticiones de diversos comestibles para alimentar a la población militar tanto la que permanecía en tierra, como la que se hallaba embarcada en los navíos de la armada española. Los proveedores particulares, denominados por aquel enton- ces asentistas, cumplían esa función de abastecerla sobre todo del llamado bizcocho, derivado del término latino “biscoctum” por su doble proceso de coci- miento. También se le denominaba, “panis nauticus” o “galleta de mar”. Este producto era básico en la dieta de las tropas embarcadas por su dilatado plazo de caducidad.
Era una especie de pan sin levadura fabricado con harina de trigo, sal y agua por artesanos especializados. Una vez elaborada la masa se cortaba en trozos cuadrados en forma de galleta. Después de punzarlos y de un proceso de fer- mentación se endurecían al horno en una doble cocción. Una vez cocidas, debido a su dureza, era necesario humedecerlas con agua o ron para que la tripulaciones de los barcos pudieran alimentarse. Se almacenaban en barriles que se estibaban en el lugar más seco de las bodegas de un navío  lo cual no evitaba en muchas ocasiones que se encontraran en mal estado, debido a las condiciones tan precarias de salubridad de las embarcaciones que realizaban travesías de larga duración en el mar. La harina era trasladada desde diversos lugares de la bahía por embarcaciones menores a los grandes navíos que fondeaban en las zonas de mayor calado de ésta que marcaban las cartas náuticas. Uno de los puntos de embarques fue sin lugar a dudas el río Guadalete, que permitía su trasvase a la rada gaditana. 


La fabricación de harina fue una significativa actividad económica en El Puerto de Santa María y ello se ve reflejado en el importante número de tahonas que aparecen censadas en el Catastro del Marqués de la Ensenada, en el año 1752.  


Hacia el año 1819 sería el único molino trabajando en el término municipal de El Puerto de Santa María, aunque con posterioridad, y ante el éxito de su industria, se solicitaría al Ayuntamiento permiso para fabricar otro molino en el año 1869.


El Molino del Caño paulatinamente cayó en desuso ante la competencia que ejercían las maquinas de vapor, en plena Revolución Industrial. Y el Caño de la Madre Vieja también fue cegándose con el tiempo al no efectuarse los trabajos de limpieza necesarios. Y poco a poco se fue olvidando que a la espalda de la Estación de Ferrocarriles existía este ingenio hidráulico que cumplió para la ciudad de El Puerto de Santa María, una función muy importante, como era la transformación del cereal en harina, producto tan necesario para la población portuense y el resto de la Bahía de Cádiz. 

En ocasiones, la propiedad de esos molinos de marea de la Bahía de Cádiz la ostentaban esos hombres de negocios, que ampliaban sus operaciones comerciales invirtiendo en la fabricación de harina. Asimismo, en paralelo a esta actividad comercial fueron surgiendo pequeñas infraestructuras portuarias, pequeños embarcaderos construidos en algunas ocasiones a título personal por esos mismos negociantes conforme la prosperidad de sus negocios fue aumentando, para facilitar el embarque y desembarque de mercancías. Y parte de esas instalaciones portuarias se construyeron en los molinos de marea, que necesitaban de ellas para ejercer sus operaciones mercantiles. 

Fuente:www.revistadehistoriade-elpuerto.org

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