·"Un pueblo que no bebe su vino tiene un grave problema de identidad" MVM


1/02/2017

VISITA A LA CUEVA-CATACUMBAS DEL BEATERIO

CUEVA-CATACUMBAS DEL BEATERIO
Información:
Horario de visita L-V: De 11:00 a 13:00 - 17:00 a 19:00.
Horario de visita Sabados: De 11:00 a 13:00 - 17:00 a 19:00.
Para adquirir las entradas nos dirigimos al punto de venta situado en:
Hotel Las Cortes de Cádiz C/ San Francisco nº 9, 11004-Cádiz, CP: 11004
Teléfono 636 78 83 09
Para más información pongase en contacto a través del siguiente email: info@catacumbasdelbeaterio.com

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Las catacumbas del Beaterio o también llamadas como el panteón bajo, era lugar destinado para los enterramientos de una antigua orden de beatas terciarias Franciscanas del siglo XVII.
Las beatas era la denominación que, en la Monarquía Hispánica del Antiguo Régimen, se daba "a ciertas mujeres piadosas que vivían apartadas del mundo, o bien solas, o bien en pequeñas comunidades [beaterios] vinculadas en ocasiones a la tercera orden franciscana o a la orden dominica. Envueltas a menudo en una aureola de santidad, gozaban de gran prestigio en los medios populares". También recibieron la protección de personajes importantes, como el cardenal Cisneros, Alonso Manrique (arzobispo de Sevilla e inquisidor general) o el duque de Alba. En el siglo XVI, el fenómeno de las "beatas" denominadas "alumbradas" se relaciona con el inicio del protestantismo español, pues en torno suyo se formaron grupos (denominados "alumbrados"), especialmente en algunas ciudades de Castilla, Andalucía y Extremadura.

Bajando una angosta escalera, bajo una luz tenue, nos encontramos en una primera estancia donde se encontraban los niños y pudrideros, seguida de otra estancia donde se ubicaba los osarios.
El Beaterio de Cádiz fue fundado en el siglo XVII, concretamente en el año 1633, su fundadora María José Isabel, lo fundó bajo la orden 3ª de San Francisco.
Sobre este beaterio no había apenas información recogida, solo la que daba Adolfo de Castro en su libro “Los nombres de las calles y plazas de Cádiz”, en el cual comenta que la calle Valverde antiguamente se llamaba calle del Beaterio porque en la misma calle existía un Beaterio.
Después de la marcha de las Beatas, en este edificio se montó una empresa que enseñaba a las mujeres en riesgo de exclusión el arte de la costura, pero años más tarde, se derriba todo el edificio menos el panteón bajo, que era el lugar de enterramiento de la antigua Orden de Beatas. A mediados del siglo XIX, se construye un nuevo edificio de viviendas en el cual se conservaron las catacumbas, reutilizándolas para un nuevo uso.
Las catacumbas son subterráneos excavados en el suelo para organizar cementerios y salas de bailes para dar culto a los dioses de los muertos de los paganos, judíos y primeros cristianos en la Roma del siglo II. Se empezó a llamar con este nombre a la cripta del cementerio de San Calixto; se llamó ad catacumbas, y en la Edad Media, por extensión, aplicaron el nombre al conjunto de enterramientos hechos en el subsuelo del campo romano que formaba alrededor de la ciudad una inmensa necrópolis. También se llamó a las catacumbas Roma subterránea. Estos subterráneos fueron lugar de culto, además de enterramiento, y en época de persecuciones, lugar de protección y escondite, ya que estaban protegidos por una ley que prohibía la entrada a los perseguidores. Era como un derecho de asilo, pues el derecho romano tenía por sagrada e inviolable cualquier sepultura, con independencia del credo religioso del fallecido. Se supone que las catacumbas como enterramiento fueron construidas antes de la muerte de San Pedro.
Del patio hacia la primera estancia de la cueva-catacumba abrieron una rampa para facilitar el acceso a los ferétros para depositarlos en los correspondientes pudrideros y que luego pasarían a los osarios comunes si eran de clase sencilla y en su propio nicho para la gente de más estatus social.
El lugar se utilizó hasta el año 1947, después de la explosión que sufrió Cádiz por la detonación de un conjunto de minas que se almacenaban en el Instituto Hidrográfico, esto originó un destrozo y la caída de la parte alta del edificio.

Tras la explosión, la cueva-catacumba se rellenó de escombros derivados de dicha explosión.
Durante las labores de limpieza se encontraron  múltiples enseres de uso cotidiano, un chupete, manillar de bicicleta, botellas, vasos,  e incluso una espoleta y una granada de piña que tuvo que ser desactivada por los tedax.
En algunos de sus muros pueden verse dibujos de orígen masónicos, aún por estudiar, aunque se cree que puede estar asociado a los rosacruces.


Las visitas son concertadas previa reserva y dirigidas por el espeleólogo gaditano Eugenio Beltrano, director gerente del proyecto y descubridor del subsuelo gaditano.
Fué lugar de reunión de los Caballeros de la Órden de la Rosacruz,  secta que proviene de los templarios y asociada a la masonería.
Esta zona también se cree que pudo estar vinculada al uso ritual y de aljibe, donde se divisa al fondo de la estancia un dibujo (actualmente en fase de restauración) que pudo pertenecer a la orden de los caballeros rosacruces.
En la Guerra Civil, un grupo de vecinos del edificio se escondieron en el pequeño hueco situado en el nivel más bajo del lugar.

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