·"Una receta no tiene alma, es el cocinero quien debe darle alma a la receta".


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10/16/2019

LA MONTERA DEL TORERO, RUTA DEL TORO

La Montera del Torero es una curiosa formación rocosa con la forma del busto de un torero, sobresaliendo lo que sería su montera (sombrero o tocado habitual de los toreros) y que se sitúa en el km 88 de la antigua carretera de Los Barrios a Jerez de la Frontera, en la provincia de Cádiz (España) y dentro del Parque Natural Los Alcornocales.
Se trata de una cresta rocosa compuesta por roca caliza que ha sido erosionada por un pequeño cauce, así como por el viento y lluvia, dando lugar a su curiosa forma, en la que se distinguen los hombros, la cabeza y lo que sería la montera, justo por encima de la cabeza. 
Para mayor curiosidad, la cabeza está ahuecada de oreja a oreja, formando una pequeña cueva que además tiene un orificio al exterior, a modo de un único ojo, en lo que sería la cara del torero. 
También el techo de la cueva tiene una rugosidad especial, similar al mocárabe árabe, que evocan el interior de un cráneo e incluso las circunvoluciones del cerebro del torero.
La curiosidad del parecido se ve incrementada porque se encuentra situada en plena Ruta del Toro, zona de ganadería brava que incluye a distintos pueblos del entorno y también sobre una cañada tradicional de conducción ganadera entre Jerez de la Frontera y el Campo de Gibraltar, llamada Cañada Real San Roque-Medina.
A 500 metros de la roca se halla el Área recreativa de la Montera del Torero, acondicionada por el Parque Natural Los Alcornocales para uso turístico.
Realmente, la Montera del Torero es un magnífico ejemplo de una de las formas modeladas en los sistemas costeros como son los “nidos de abeja” y los "Taffoni". Los ”nidos de abeja” son pequeñas cavidades con dimensiones que no llegan a superar los 2-3 cm de diámetro y los 3-4 cm de profundidad, desarrolladas sobre paredes verticales con una escasa cobertera vegetal. 
Estas oquedades se sitúan muy próximas entre sí dejando finos tabiques intermedios. Los “tafoni” son oquedades de mayores dimensiones (de orden métrico), que se producen en paredes y escarpes desnudos. 
Las características petrológicas de la roca condicionan la meteorización y erosión diferenciales que dan lugar a la oquedad. 
A veces contribuyen a la formación de morfologías muy peculiares como la “Montera del Torero” de las Areniscas del Aljibe, originada por procesos de meteorización física y/o química. wikipedia

5/30/2019

OLLA FERROVIARIA DE CHOCOS CON PAPAS EN LA VÍA HERCÚLEA DEL CAMINO DE SANTIAGO

El pasado domingo 26 de mayo, periodistas, escritores, expertos en patrimonio, empresarios y deportistas de élite recuperaron la histórica Vía Hercúlea , enmarcada dentro de la Vía Augusta, por el Castillo de Sancti Petri. El objetivo de dicha empresa es descubrir a los peregrinos una variante de incalculable valor paisajístico y cultural.
Nuestro amigo Fran Toledo, especialista en Patrimonio Histórico y gerente del Castillo de Sancti Petri,  nos invitó a participar del final de la primera etapa de la Vía Hercúlea y para que al mismo tiempo hiciéramos unas Papas con Chocos en la Olla Ferroviaria o Putxera "Asador Victoria", con la que quiso sorprender al grupo de peregrinos jacobeos mayoritariamente vascos, que estaban haciendo la etapa de la Vía Heracleia o Hercúlea, dentro del Camino de Santiago.
Foto La Guía Secreta del Camino de Santiago

El grupo partió desde la Iglesia de Santiago de Cádiz, cruzando la ciudad hacia La Isla de León, pasando por la Punta del Boquerón hasta llegar al poblado de Sancti Petri, antigua almadrabera, donde lo esperaban una embarcación para cruzarlos al castillo, ubicado en una isla en la desembocadura del Caño de Sancti-Petri, final de la etapa de ese día, después de 14 horas de peregrinaje.
Nos acompañaron los amigos Jesús Toledo y Eva Ríos, copropietarios de la  Productora audiovisual, productora teatral, eventos,Workshops, talleres... PuPPets-Marionetas Company Limited.
Desde la Isla (y con unos buenos prismáticos) divisamos la llegada del grupo al final de la etapa, quedando inaugurada la nueva Vía Hercúlea.
Llegada de los peregrinos a la Isla de Sancti Petri.

Foto Diario de Cádiz
La leyenda dice que los restos de Hércules estaban enterrados en el castillo de Sancti Petri. 
Cuando Santiago llegó a la Península de peregrinación convirtió ese castillo en lo que hoy es Sancti Petri (San Pedro).
VÍA AUGUSTA
Se conoce con el nombre de Vía Augusta a la antigua calzada romana que unía Gades (Cádiz), Hispalis (Sevilla), Carthago Nova (Cartagena) y Tarraco (Tarragona) con el corazón del Imperio, Roma.
El primer tramo de la Vía Augusta original, entre Cádiz y Sevilla, parte de la iglesia de Santiago en Cádiz y se dirige, por San Fernando y Puerto Real, a El Puerto de Santa María y Jerez. Entra en la provincia de Sevilla por El Cuervo, Lebrija, Las Cabezas de San Juan y Utrera. Desde allí el peregrino puede dirigirse a Alcalá de Guadaira o a Dos Hermanas, por la llamada variante nazarena, para alcanzar finalmente la capital hispalense. Esta ruta fue recuperada y señalizada en 2006 por la Asociación Gaditana del Camino de Santiago en Cádiz y se encuentra perfectamente indicada con flechas amarillas. 

El trabajo de esta asociación, es más que admirable, ya que a pesar de su lejanía con el Apóstol han sabido relanzar esta ruta histórica  poniendo la ciudad en el mapa de los caminos de Santiago.

DATOS HISTÓRICOS
Según cuenta la historia, el actual Castillo de Sancti Petri, en el término municipal de San Fernando, está vinculado históricamente a uno de los templos más importantes y afamados de la Antigüedad: el Templo de Melqart-Hércules.
En este templo, el Heraklion, estaba enterrado Hércules, mítico fundador de Cádiz y según cuenta la leyenda se derrumbó gracias a las oraciones del Apóstol Santiago, que fue quien puso nombre a la isla donde se asentaba el templo. Así el Promontorium Heracleum; la roca del héroe de la mitología tomó el nombre de San Pedro. Es muy probable que las peregrinaciones a Sancti-Petri (Occidente), que habían existido durante siglos, no se detuviesen, ya que además del sentido religioso tenía el incentivo de alcanzar el extremo del mundo hasta sus confines, Finisterre.
Tras la  conquista árabe de la Península Ibérica, la Vía Augusta se cerró terminando con la peregrinación a Sancti Petri por la ruta tradicional. Los cristianos resistentes al invasor musulmán encontraron en otras tierras de tradición hercúlea, Galicia, el epicentro político y religioso y, por tanto, de peregrinaciones piadosas.
Aunque aún son poco conocidos estos 175 kilómetros, muchos de ellos con raíces andaluzas, cada año son más los que se aventuran a explorarlo.

Fuente: La Guía Secreta del Camino de Santiago.

Fran Toledo, gerente del Castillo Sancti Petri e Isa encargada del bar con Tubalillo y su txapela.
Olla Ferroviaria Esmaltada
Verdejo ecológico Finca Las Caraballas, Medina del Campo (Valladolid)
Sal Marina Gruesa Natural y Ecológica de Ecosal San Vicente.
Juan Antonio Mena "Tubalillo" se encargó de preparar una buena olla de Papas con chocos, con 5 kilos de chocos y 7 kilos de papas, al carbón de encina.
Luís Rivero ayudando a Tubalillo a catar como iban esas papas con chocos, no se como podrá traducir e interpretar a Ken Follet estos sabores, pero lo que si se logró es un sabor tan grande y divino como una catedral, dicho queda...
Y llegó el momento de servir...
Acompañamos tan ricos condumios con un excelente verdejo ecológico Finca Las Caraballas.
Mientras dejamos reposar unos minutos el guiso, degustamos un surtido de chacinas y quesos de la provincia de Cádiz.
Al retirar el guiso de papas con chocos, colocamos la plancha de hierro fundido  encima de la Putxera, donde se asaron unos gambones aderezados con Sal Marina Gruesa Natural y Ecológica de Ecosal San Vicente.
 Jorge González Paredes, autor del libro “La Guía Secreta del Camino de Santiago
Gonzalo Arroita, profesor de la Cátedra UNESCO, consultor de Naciones Unidas y experto en Patrimonio; Luis Rivero, traductor e interprete personal de Ken Follet o el escritor y periodista Antxon Urrosolo fueron algunos de los encargados de emprender esta aventura.
Finca Las Caraballas

La casa de la Putxera Ferroviaria - Putxeras y Asadores Victoria, S.L.
Euskadi Kalea, 1
48960 Galdakao, Bizkaia
Teléfono: 944 00 53 19
HISTORIA DE LA VÍA HERACLEIA O HERCÚLEA
"Polibio, el gran historiador griego del siglo II a.C., que contó la ascensión de Roma a gran potencia del Mediterráneo y que visitó la Península Ibérica con ocasión de la Guerra de Numancia asistiendo a la caída de la ciudad en el año 133 a.C., es el primer autor griego que menciona, en su Historia, la existencia de una calzada que bordeaba la costa peninsular desde los Pirineos hasta el Estrecho de Gibraltar: 
«Desde los Pirineos hasta las Columnas de Hércules hay unos 8.000 estadios (unos 1536 km); desde las Columnas de Hércules a Cartagena se cuentan unos 3.000 (unos 576 km); desde esta ciudad al Ebro hay aproximadamente 2.600 estadios (unos 499 km); y desde este río a Ampurias hay 1.600 (unos 307 km). Los romanos han medido y señalado cuidadosamente estas distancias emplazando mojones cada ocho estadios».

Esta vía –ya citada en el siglo III a.C. por el autor siciliano Timeo– es la famosa Vía Heracleia o Hercúlea, que toma el nombre de la leyenda griega según la cual el héroe Heracles condujo por este camino los bueyes robados a Gerión en el sur de la Península Ibérica. Arrancaba de Cádiz, la importante ciudad fenicia, y recorría toda la costa mediterránea para terminar en Roma. Probablemente su trazado era anterior a la llegada de los romanos. Unía todas las colonias y factorías fenicias asentadas en la costa meridional y sudeste de España, para continuar a través de las colonias griegas de la costa levantina (Hemeroscopeion, Ampurias y Rosas). Hasta la llegada de los romanos no estaba empedrada, lo que hicieron éstos ya en el siglo II a.C.

Estrabón describe estupendamente el itinerario de la vía, que es en gran parte coincidente con el de la Vía Hercúlea descrita antes por Polibio, bifurcándose en dos desde la región sur levantina: un ramal seguía el antiguo trazado hasta Cádiz y otro se adentraba en el interior peninsular siguiendo el curso del Guadalquivir, pasando por los centros comerciales más importantes de la Bética, para concluir prácticamente junto al Estrecho de Gibraltar. Tales ciudades, importantes desde el punto de vista político y económico, fueron conectadas por Julio César. Hispalis (Sevilla), Astigi (Écija), Corduba (Córdoba), Castulo (Linares), Obulco (Porcuna), tenían así una doble alternativa para exportar sus productos a Italia: situar en el puerto de Cádiz la mercancías que eran llevadas a Ostia, el puerto de Roma, por vía marítima, o bien la opción de ascender por la vía terrestre descrita en el texto de Estrabón, es decir, Saitabi (Játiva), ya en la costa, Sagunto, Dertosa (Tortosa), Tarraco (Tarragona), y más al norte, en el llamado Campo Juncario o llano del Ampurdán catalán, cuyo topónimo latino pervive más al norte en el nombre del actual paso pirenaico de La Junquera. 

Poco más adelante el geógrafo Estrabón menciona la calzada que desde Tarragona, capital primero de la Hispania Citerior y luego de la Hispania Tarraconense, conducía al Golfo de Vizcaya: «Dista Ilerda del Ebro, yendo hacia el oeste, 160 estadios, de Tarraco hacia el sur alrededor de460, y de Osca hacia el norte 540. A través de estas regiones pasa la calzada que va desde Tarraco hasta los últimos vascones de la orilla del Océano, los de la zona de Pompaelo y de la ciudad costera de Oyasun (Oiarzun), calzada de de 2.400 estadios, hasta los mismos confines de Aquitania con Iberia».

Esta vía comunicaba, pues, ciudades importantes en las luchas sertorianas como Ilerda (Lérida), Osca (Huesca) y Pompaelo (Pamplona), esta última fundada por Pompeyo, de ahí el nombre de la ciudad, tras establecer en ese lugar su campamento durante el invierno del 75-74 a.C. En el área situada al norte del Ebro han aparecido en esta vía, los miliarios más antiguos del Occidente, como el de M. Sergius, procónsul desconocido de la provincia Hispania Citerior, que debió gobernar antes del 120 a.C.; o un segundo miliario de Q. Fabio Labeo gobernador de la Citerior, que posiblemente ejerció el proconsulado entre los años 124 y 114 a.C. Ambos miliarios se han encontrado en Lérida y certifican la existencia de la vía a finales del siglo II a.C., si bien podía estar ya construida en gran parte en la primera mitad de ese siglo, coincidiendo con los asentamientos coloniales de Huesca y Lérida.

Estrabón menciona los caminos que comunicaban la meseta con los pueblos del norte, afirmando que eran largos y tortuosos. Las dificultades del viaje aumentaban por la rudeza y costumbres salvajes de los pueblos que habitaban cerca del trazado.

El naturalista y escritor latino Plinio, que fue procurador de la provincia Tarraconense en época de los emperadores Flavios, hacia el año 74 d.C., utilizó para la descripción de Hispania información de oriundos, además de las obras de Agripa, el cual, concluida la guerra cántabra, vino a Hispania a reorganizar administrativamente el territorio; proporciona noticias sobre la extensión de las provincias, ciudades, municipios, colonias, tribus, pero no ofrece datos sobre las calzadas. Tan sólo Plinio, en su Historia Natural, cita una vía que iba desde Galia al Océano y a la costa de Hispania, cuya longitud era 831.000 pasos (1.221 km) y por Cades (Cádiz), 7.500 pasos (11 km). Esta calzada estaba en funcionamiento a comienzos del siglo I a.C., pues la fuente de Plinio es Artemidoro de Mirleia."

© José María Blázquez Martínez

© De la versión digital, Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia

5/05/2018

SENDERO RÍO ARILLO. P. N. BAHÍA DE CÁDIZ

El sendero comienza desde el aparcamiento situado en la carretera que va hacia la playa de Camposoto, en San Fernando junto a la zona militar.
En este punto hay dos bifurcaciones, en esta ocasión tomamos el pequeño sendero que va hacia el sur, siguiendo todo el recorrido en paralelo la carretera, bordeando la marisma.
desde la cual vamos observando la vegetación característica del Parque Natural, así como numerosas especies de aves a las que podemos ver agrupadas para descansar y alimentarse, desde el observatorio que nos encontramos a la mitad del pequeño sendero.
En su recorrido podemos observar las estructuras de la salinas tradicionales y los caños mareales. Pasamos por compuertas de mareas, un observatorio de aves y un viejo molino de mareas.
La otra bifurcación ya la hemos comentado en este enlace:

5/01/2018

CEMENTERIO DE LOS INGLESES, EL CEMENTERIO DE LOS SOLDADOS

El Cementerio de los Ingleses, se ubica cerca de la playa de la Casería de Ossio y el Hospital Militar de San Carlos.
Pórtico del Cementerio De Los Ingleses o Cementerio de San Carlos, de inspiración neoegipcia. 
A pesar de su nombre, no es un cementerio donde únicamente se enterraron a los ingleses fallecidos , porque los que realmente fueron enterrados, muchos prisioneros franceses cautivos y alojados en el antiguo Hospital Militar de San Carlos, tras la batalla naval librada en aguas gaditanas contra la brigada francesa comandanda por el Almirante Rosilly, durante la Guerra de la Independencia Hispano-Francesa. Posteriormente , se sumaron los fallecidos de la batalla de Bailén. El antiguo Cementerio de San Carlos o de los Ingleses, estuvo activo hasta 1911.
La construcción del viejo hospital comenzó en febrero de 1809, en plena Guerra de Independencia, teniéndose que improvisar un hospital en un convento de franciscanos, debido al gran número de prisioneros franceses y que éste hospital aún no estaba terminado. 
En 1836 pasó a jurisdicción de la Marina, hecho coetáneo a la supresión del Real Colegio de Cirugía de la Armada de Cádiz, hospital que se estuvo haciendo cargo de pacientes militares y civiles de la localidad, y de heridos procedentes de la Guerra de Independencia, Guerra de África, Guerra del Rif y Guerra Civil Española.
Durante la Guerra de la Independencia y la Invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis(1823-1828) trabajaron conjuntamente practicantes y facultativos españoles y franceses.
Este hospital tuvo una actuación destacada durante las grandes epidemias que asolaron la provincia a lo largo de los siglos XIX y XX (fiebre amarilla, cólera, gripe española y tifus exantemático).

Durante la Guerra Civil Española, se utilizó también como cementerio de los fusilados republicanos, incluso tras los muros de este cementerio, como se acostumbraba en la época, donde se cree que hay una gran fosa común.
Esta construcción está incluída en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural.
Aunque como bien podemos ver en las fotos, su estado es de total abandono.

EL CEMENTERIO DE LOS SOLDADOS
Miguel Ángel LÓPEZ MORENO Licenciado en Ciencias Químicas Ingeniero técnico de Arsenales
"Hay en San Fernando, a orillas de la Bahía de Cádiz, muy cerca de la llamada Casería de Osio, un cementerio olvidado pero lleno de historias y de algún héroe anónimo (1).
CEMENTERIO DE LOS INGLESES
Legado Patrimonial de los Lugares de la Constitución de 1.812 en la Bahía de Cádiz
CUANDO en agosto de 1812 los franceses levantaron el sitio a las islas gaditanas —un cerco militar iniciado en febrero de 1810 que acosaba al último reducto de la España libre—, en el Cementerio de San Carlos (2) se habían inhumado 905 soldados y marineros españoles. Todos ellos muertos por heridas o enfermedad en un hospital militar provisional que se había habilitado en febrero de 1809 en el cuartel de la Nueva Población de San Carlos, antigua Isla de León (actual ciudad de San Fernando, Cádiz) (3).
Esos hombres, soldados y marineros, habían muerto defendiendo la independencia del último trozo de España (San Fernando y Cádiz)
que permanecía al margen de la dominación napoleónica, ciudades donde se habían refugiado la Regencia del Reino y, a partir de septiembre de 1810, las Cortes Generales. Fueron hombres que dieron su vida mientras a sus espaldas se discutía y gestaba la primera Constitución Española, la de 1812, que inició una profunda transformación de la sociedad española y americana, y un larguísimo proceso —que se arrastró durante todo el siglo XIX— para superar el Antiguo Régimen. La muerte de estos hombres no fue, por tanto, un sacri- ficio inútil, ni merecen el olvido en el que han permanecido hasta el mo- mento.page1image235632816
Actualmente el cementerio donde reposan estos españoles es considerado Sitio Histórico vinculado al Legado Patrimonial de los Lugares de las Cortes y la Constitución de 1812 en San Fernando, Cádiz y la Bahía (4), declarado Bien de Interés Cultural y, pese a ello, es un lugar abandonado, en ruinas y con una historia olvidada. No conserva cruces, lápidas ni epitafios. Es un camposanto totalmente olvidado e ignorado por casi todos. Irreconocible como tal porque ha perdido todas las señas propias de lo que fue. Sus muros se han ido cayendo piedra a piedra a lo largo de las últimas décadas (5). Y, por supuesto, ningún hito físico recuerda la gesta de estos hombres cuyos restos permanecen ahí enterrados.
Pero no solo los defensores de la primera Constitución reposan en el Cementerio de San Carlos. Hoy se conocen los nombres, apellidos y condición militar de 313 prisioneros franceses que tuvieron el dudoso honor de ser los primeros usuarios de este camposanto. Fueron marineros al mando de vicealmirante Rosily y soldados del general Dupont derrotados en Bailén.
Los primeros procedían de la escuadra gala rendida en la batalla de la Poza de Santa Isabel, el 14 de junio de 1809. Eran marinos que sobrevivieron a la derrota franco-española de Trafalgar, que desde octubre de 1805 —bloqueados por la flota inglesa— habían permanecido como aliados en el puerto de Cádiz. Sin embargo, los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid los convirtieron de la noche a la mañana en enemigos... y el último recurso de Rosily, imposibili- tado para escapar a mar abierto donde esperaba el inglés, fue fondear su escua- dra en mitad de la bahía de Cádiz. Pero el acoso español, y la imposibilidad de recibir ayuda exterior, obligaron al almirante francés a rendirse. Más de tres mil marinos franceses fueron apresados ese día.

Por otro lado, los 17.500 prisioneros tomados en Bailén en julio de 1808, soldados del general Dupont, fueron llegando a la bahía de Cádiz y encerrados en pontones insalubres, donde padecieron insufribles penalidades.
Para paliar las enfermedades de estos hombres se dispusieron dos hospitales provisionales: en Cádiz, el de la Segunda Aguada; en la Isla de León, se adecuó para tal fin una zona del cuartel de la Nueva Población de San Carlos. Asociado a este último nosocomio, se habilitó un cementerio donde enterrar con discreción e inmediatez a sus pacientes muertos. Como ya se ha dicho, al menos 313 prisioneros franceses fallecidos en el hospital de San Carlos entre agosto de 1809 y febrero de 1810 reposan en el viejo cementerio. Hoy, ni lápidas ni epitafios los recuerdan.
Aquellos fueron los primeros. Los siguientes son los 905 españoles que defendieron la Independencia española entre 1810 y 1812, los mismos que propiciaron con su sacrificio la génesis de la Constitución liberal de 1812, la que en su artículo 13.o proclama que la felicidad de la nación, y el bienestar de los individuos que la componen, es el objeto del gobierno. Pero no fueron los últimos. A lo largo del siglo XIX y la primera década del siglo XX, más de 5.792 ciudadanos adscritos a la jurisdicción castrense fueron inhumados en este cementerio, la inmensa mayoría, soldados y marineros. Unos fueron defensores de causas liberales y otros murieron defendiendo monarquías absolutas durante un convulso siglo XIX. Los hay cantonalistas y los hay que murieron camino de las colonias de ultramar. Incluso muertos que se quedaron sin patria por la que luchar y morir: los que volvieron después de perder Cuba y Filipinas. Allí están enterradas monjas de la Caridad, también niños, mujeres, personal de la Maestranza del Arsenal de La Carraca, bogadores de faluchos, inválidos de Marina, capellanes, cocineros, médicos, aprendices de múltiples oficios, presos de la jurisdicción ordinaria, sirvientes del colegio naval militar, prisioneros carlistas, cabos de vara (6), desterrados y confinados políticos en el Penal de Cuatro Torres, insurgentes cubanos, tres ajusticiados a pena de horca y descuartizamiento posterior y, posiblemente, un número indeterminado de republicanos fusilados durante la Guerra Civil. Muchos muertos sepultados en este cementerio como para que siga olvidado y en ruinas.
Pero no nos engañemos, además de los franceses enterrados, la realidad es que estos ciudadanos fueron españoles del siglo XIX que vivían y morían en un país anclado en una profunda incultura y miseria.
En el Cementerio de San Carlos no reposan marinos ilustres, ni soldados ilustrados. Difícilmente estos hombres empeñaron su vida por ideas o ideales propios, más bien cayeron por ideas o ideales de otros. Y, sin embargo, todos ellos tienen un factor común: murieron mientras vestían el uniforme militar de la nación que les tutelaba: España. Todos estos muertos han contribuido de alguna manera a que cada uno de nosotros hoy seamos conscientes de pertenecer a una patria.

Conclusión
Después de recuperar la historia olvidada de este cementerio ya no debe- ríamos hacer caso omiso de estas piedras ni de esta historia. De una u otra forma es nuestra obligación darle a este lugar la importancia que merece. No es la consideración subjetiva que cada uno interprete, no; hay una importancia objetiva inherente al elemento patrimonial, en este caso, un viejo cementerio de soldados y marineros.
Porque un cementerio de soldados exige la obligación ineludible de cumplir con un acuerdo tácito: ellos, los soldados, entregan la vida si es preciso —y no solo hablamos de muertes heroicas en el campo de batalla, no es eso, porque la inmensa mayoría de estos hombres murieron de tisis y disentería en la cama de un triste hospital—, y a cambio, la nación que los tutelaba les entregaba un pedazo de tierra para descansar dignamente. Ese era el trato: ellos daban la vida mientras vestían el uniforme de su patria y la nación les garantizaba a cambio un pedazo de tierra donde caer muertos.

Y así se hizo en este cementerio hasta que el olvido extinguió el compromiso. A partir de entonces, nadie se ha preocupado de cumplirlo... hasta hoy. Una vez recuperada la historia y las circunstancias de este cementerio de soldados, no podemos ignorar nuestra responsabilidad. Entre todos —ciudadanos, representantes políticos y autoridades militares— deberíamos cumplir con nuestra parte del trato: asegurarles un pedazo de tierra digno, reconocible e identificable donde se les pueda recordar.
Se lo debemos.
(1) Este artículo es una consecuencia del libro titulado Un camposanto sin epitafios. (Anotaciones para la historia del Cementerio de San Carlos), de Miguel Ángel López Moreno. Editado en San Fernando, @MilanLoMo - 2016. Es un libro que recupera los orígenes e historia de este olvidado cementerio castrense, situado en un extremo de la Población Militar de San Carlos, en un claro intento de integrar en la ciudad este objeto patrimonial e histórico. 
Más información en:

(2) A falta de una historiografía para este cementerio, en la ciudad de San Fernando se le conoce popularmente de distintas formas: cementerio de los franceses, de los ingleses, de la Casería de Osio, de San Carlos, militar y de los soldados.

(3) El Hospital de San Carlos ha permanecido bajo jurisdicción militar hasta 2013. Ese año pasó a depender del Servicio Andaluz de Salud.

(4) El Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) publicó el 15 de marzo de 2012 la inscripción oficial en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz del llamado «Cementerio de los ingleses» como Bien de Interés Cultural (BIC), con la tipología de Sitio Histórico, en el Legado Patrimonial de los Lugares de las Cortes y la Constitución de 1812 en San Fernando, Cádiz y la Bahía.
(5) Si bien es cierto que el Ministerio de la Defensa, como titular de los terrenos, ha propiciado una intervención puntual en mayo de 2016 para evitar el desplome de los muros que quedan en pie.

(6) Nos referimos a cabos de vara del Penal de Cuatro Torres del Arsenal de La Carraca, una especie de capataz entre los penados. La vara que lo identificaba no solo era un símbolo de autoridad, sino herramienta disuasoria."